“-Solo escribo escribo el guion de mi destino -rio el truhan.”
Desde hace unos días, esa oración no contiene faltas de ortografía, y es que los más avispados habrán notado la ausencia de tildes en palabras a las que antes pertenecían.
A pesar de vivir en el exilio, me gusta mantenerme informado de cuanto ocurre en el mundo y además en España gracias a páginas web con noticias de la más rabiosa actualidad. Y últimamente, entre las crónicas de las travesuras y desventuras de la Princesa del Pueblo, (de ahí lo de rabiosa actualidad) se han colado un par de críticas a la RAE y su nueva reforma.

I can Photoshop
Leo en El País que palabras como guion y truhan pierden la tilde por ser monosílabos. Y por supuesto el pueblo responde. Concretamente un miembro del pueblo afirma: “Así nos va, que hay que hacer la lengua más sencilla porque la gente es una inculta. Además”, añade, y aquí viene la perla: “guión se divide en dos sílabas: GUI-ÓN”.

Este individuo, que se queja de la falta de cultura, ha pateado el diccionario de forma solo equiparable a la catapulta infernal de los gemelos Derrick. Guion es un monosílabo dado que en castellano el sonido /io/ produce un diptongo, al igual que “rio” (“Él se rio”) o guio (“Él les guio”), que usualmente se ven como “rió” y “guió”, lo cual ha sido incorrecto siempre, que yo sepa. Y al igual que Juan, truhan tampoco se tildará a partir de ahora.
La crisis de desaparición de tildes continúa: “Solo” y “este” no llevarán sombrerito en ningún caso. La Academia argumenta que el contexto basta para diferenciar un significado del otro. Si bien escribir “solo” sin tilde no se consideraba falta de ortografía, había esquiroles que seguían haciéndolo (Yo, por ejemplo), y ahora algunos han puesto el grito en el cielo y las manos sobre sus cabezas.
Estos argumentan que el contexto no es suficiente. Y tienen razón. Espera, no. No la tienen. Si se quiere comunicar algo con claridad y el contexto no permite diferenciar “solo” del antiguo “sólo”, o bien se sustituye por “solamente” o bien se formula de otra forma. Y francamente, escasean tanto los momentos en que “este” o “esta” son ambiguos que prácticamente es necesario expresarse a base de hipérbatos para que se den (Lo cual contradice el fin inicial (Fin inicial, eso sí que es una contradicción molona) de comunicar un mensaje con claridad (Aunque mis paréntesis tampoco ayudan mucho)). Por ejemplo:
¡Ay, el quejica! ¡Me tiene este negro!

Con tu tío y con tu tía irás a Bel Air
Por supuesto, están las clásicas inclusiones como “toballa” como sinónimo de “toalla”, y los alarmistas denuncian de nuevo la rebaja de la lengua. La Academia se ampara en que es un arcaísmo, y a mí me da igual parece bien. El pueblo es el que habla el lenguaje, y si el pueblo dice “bujero”, bujero pertenece al lenguaje. Que figure en el diccionario o no no cambia el hecho de que se trata de un vulgarismo. “Polla” también figura en el diccionario, y es vulgar, pero la crème de la crème no se queja porque ellos también los dicen. Y también se ríen después. (Polla… Jujuju.)
Me he reservado lo mejor para el final, como la yema del huevo frito: ¡Cambios en el abecedario!

La ch y la ll ya no son letras. Esto creo que solo las elimina como fichas del Scrabble (Casi oigo las quejas de que el juego incluye menos contenido por el mismo precio). La b ya no se puede llamar “be larga” y la v “be corta”. Por lo menos ahora sé qué se siente al conocer una regla justo en el momento en el que deja de existir.
Pero hay una yema dentro de la yema, querido lector (Si es que llegamos a 1). ¡La y no se llama “i griega”, sino “ye”!

La y en diagrama nomenclatura-tiempo
Pues vale. Aunque en el papel ponga “euros”, la gente sigue diciendo “pesetas”. Habrá quien la llame por su nuevo nombre y quien siga haciendo referencia al país de la reina (No me refiero a la madre de la Esteban), hasta que todos muramos y las generaciones del mañana alcen su voz y comuniquen al resto del mundo el mensaje de los académicos. Momento puesta de sol. Así que el que quiera, que la llame i griega, y el que no, que la llame ya ye, oye.
Hay un par de cambios más, pero quedan eclipsados por la magnitud del “Quéfuertequéfuerte” de los aquí nombrados. Y ojo, no confundirsus, que aunque me quejo de la respuesta, me alegra ver que hay gente que se informa y se preocupa por el idioma y sus reglas. Si fuera acorde con los gustos de nuestra sociedad, la Real Academia Española sería otra muy diferente.
