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Y con un suspiro…

Ahora sé qué es lo más maravilloso.

Que no importa el cuándo ni el dónde, ni siquiera el porqué. Lo único que quiero compartir contigo es el quién, ser tú y yo, y yo y tú, y nosotros. Hoy, allí, aquí y ayer.

Que el brillo del sol sólo da vida cuando se refleja en tus ojos, llenando mi mundo de verde y luz.

Que el mar resuena en los oídos y en los corazones, que las olas vibran por la piel.

Que cada amanecer es un paso más cerca de ti, de conocerte y fascinarme un poco más, como un laberinto interminable.

Que las millones de decisiones que podría haber tomado, los interminables caminos que pude elegir, cada palabra pronunciada, cada grito, cada lágrima, cada sonrisa, cada gota de sangre y cada suspiro fueron alineados uno tras otro un orden perfecto en una trayectoria concreta. Tú me haces sentir que no existen los pasos en falso.

Que los sueños, las metas, los anhelos, existen. Los que dan motivos para levantarse en cada tropiezo, que están al final de un camino tal vez tortuoso, pero que deseo recorrer a toda costa.

Que jamás existirá algo tan bello.

Que una sonrisa, por tímida que sea, siempre sale a relucir.

Gracias.

VI

Un día nació un hombre.
 
Ese hombre, al igual que todos los hombres, creció, envejeció y murió.
 
Sin embargo, en algún momento después de dejar de crecer, pero antes de comenzar a envejecer, hizo algo terrible. Algo realmente terrible.
 
Desde el día en que lo hizo, el arrepentimiento y la culpa lo corroían por dentro cada segundo de su existencia, una existencia cada vez más negra y ponzoñosa. Cada día sentía que no podía sentirse peor, y sin embargo, al día siguiente se encontraba más cargado de remordimientos, de una batalla que se libraba en su interior con más fiereza cada vez, destruyéndolo todo a su paso.
 
Hasta que un día se dijo que no podía seguir así, y cambió para siempre.
 
Se durmió una noche siendo la persona más culpable del mundo, pero cuando despertó, un nuevo hombre nació en su lecho. Un hombre de misma apariencia, un hombre que cualquiera habría confundido con el mismo del día anterior. Pero no era el mismo.
 

Sueños de plástico.

Es curioso que, con 12 entradas publicadas (me ha llevado tiempo contarlas todas), aún no haya hablado directamente de mí en ninguna.

Es cierto que no debería hacerlo si quiero mantener mi promesa de crear un blog mínimamente interesante, pero los últimos acontecimientos no han sido inspiradores precisamente; estoy en un pequeño vacío creativo, que espero pronto toque a su fin. Si no, me veo en problemas en la carrera.

Ah, ¿no os lo he dicho? Voy a empezar una carrera. Voy a estudiar arquitectura. Empiezo el 12 de octubre. En 6 semanas.

En Alemania.

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Today I die

Ingenioso juego (aunque no sé si puede considerarse así) sencillo pero a la vez muy interesante y, para no decir “bello”, gonito.

Seré breve por una vez y os dejaré con el enlace al susodicho: Today I die.

Estamos en un nuevo estadio de evolución, según Stephen Hawking.

Aunque el homo sapiens necesitó millones de años para evolucionar de los simios, la información útil en nuestro ADN sólo ha cambiando en unos pocos millones de bits. Así que, según señala Stephen Hawking en “Life in the Universe”, el ritmo evolutivo en el ser humano es de un bit al año.

“En contraste” dice Hawking, “cada año se publican unos 50.000 libros nuevos en inglés, contenedor cada uno del orden de cien billones de bits de información. Por supuesto, la gran mayoría de esta información es basura, y de ningún uso para cualquier forma de vida. Pero, incluso así, la cantidad de información útil puede añadirse es millones, si no billones de veces, superior a la del ADN.”

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V

Dicen que, al besar a una persona, los restos del beso, pequeños, minúsculos, y por supuesto imperceptibles a simple vista, permanecen en nuestra boca durante cinco años. Para nosotros es como si no existieran, pero sin duda están ahí. Son la prueba irrevocable y empírica de que ese beso existió.

Si pudiéramos verlos o sentirlos, sería como llevar un recordatorio, una señal. Una señal de un amor que quizá se extinguió, o que se vio forzado a romperse. En muchas ocasiones los restos permanecen en nuestra boca mucho más tiempo del que dura el amor en sí, por cruel que parezca este hecho.

Exactamente 1826 días. Mil ochocientos veintiséis. Casi dos millares. Dos millares de días en los que sonreír, llorar, correr y gritar. Caer. Soñar. Vivir. Pero bajo ningún concepto olvidar; puede que nosotros no lo recordemos, pero nuestro cuerpo sí. En cierto modo, el beso sigue ahí, el beso no se ha apagado del todo. Un beso dura cinco años.

Y hoy se acaba el beso.

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Continuación de “Lo sentimos, no tenemos viajes para ese día…” ¡Importante leerlo primero!

Bien, ahora sabemos que habitamos una realidad pentadimensional: Las 3 de siempre, la ondulación del espacio y la línea espacio-tiempo.

En cualquier caso, a lo que pretendía llegar el artículo anterior es a la conclusión de que la línea espacio-temporal existe y todo se mueve en ella de forma inexorable. O casi todo.

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Suena a secretari@ de Iberia al teléfono, ¿verdad? Pues no. Esta entrada va dedicada a algo más freak y a lo que quizá no debería dedicarme en tanta profundidad por falta de conocimientos:

Los viajes en el tiempo.

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Detrás de un título tan molón (Tenéis que reconocer que es bastante bueno) se esconde una idea bastante sencilla: En la eterna lucha, aparecida en tantas películas, libros, videojuegos y culebrones de tarde de domingo, entre el bien y el mal, el mal siempre llevará ventaja.

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