Ahora sé qué es lo más maravilloso.
Que no importa el cuándo ni el dónde, ni siquiera el porqué. Lo único que quiero compartir contigo es el quién, ser tú y yo, y yo y tú, y nosotros. Hoy, allí, aquí y ayer.
Que el brillo del sol sólo da vida cuando se refleja en tus ojos, llenando mi mundo de verde y luz.
Que el mar resuena en los oídos y en los corazones, que las olas vibran por la piel.
Que cada amanecer es un paso más cerca de ti, de conocerte y fascinarme un poco más, como un laberinto interminable.
Que las millones de decisiones que podría haber tomado, los interminables caminos que pude elegir, cada palabra pronunciada, cada grito, cada lágrima, cada sonrisa, cada gota de sangre y cada suspiro fueron alineados uno tras otro un orden perfecto en una trayectoria concreta. Tú me haces sentir que no existen los pasos en falso.
Que los sueños, las metas, los anhelos, existen. Los que dan motivos para levantarse en cada tropiezo, que están al final de un camino tal vez tortuoso, pero que deseo recorrer a toda costa.
Que jamás existirá algo tan bello.
Que una sonrisa, por tímida que sea, siempre sale a relucir.
Gracias.
